domingo, 3 de mayo de 2015

Bar y sentado.

A veces estar sentado en una silla no es suficiente,el barullo del bar resuena como música de fondo y este se reproduce como un vinilo, un vinilo que no acaba hasta que el bar cierra. La decoración del entorno crea ambiente, los detalles sí marcan la diferencia y más con aquellas pequeñas cosas con las que nos sentimos identificados, me siento acogido, no es mi casa pero estoy pasando más horas que en ella. Hay poca luz y parece que esta visión lúgubre nos impide ver más halla de nosotros mismos y a los que tenemos a un par de centímetros, esta sensación de oscuridad se mezcla con la posible intimidad que pueda tener con mi amigo, el cual me enzarza en un conversación.
Su tono es regular, intenta elevarla por encima de los ruido de fondo y yo escucho perplejo cada palabra, cada frase, me parece interesante todo aquello que las personas me puedan contar, guardar relación con los demás, es una forma de estar conectado con un mundo que no solo es mío.

Las palabras son pequeños mensajes cargados con una profunda verdad, ocultan datos que si eres hábil y sabes interpretar, puedes comprender y esto te permite entender a la persona.
Y con este vehículo mi amigo y yo continuamos con la conversación, no hay mucha acción en dos personas que hablan y comparten el pasado. Uno se pasa la vida soñando, deseando y recordando, pero se nos olvida sentir y vivir con intensidad o se nos olvida esto también cuando intentamos hacerlo con dos copas de mas.

Mientras ocurría esta acción, otras escenas se mezclaban para crear la multitud y su conjunto, hacia un teatro de la vida real, unos imitaban, mientras que otros interpretaban un papel, en la improvisación del momento siempre uno deja escapar sus intención y esto la chica de la barra del bar lo sabía,  pero le gustaba sentirse deseada, ¿no es un motivación fascinante, ser tú el que levanta pasiones?.

Todo ocurría y todo era posible  un sábado de muchos, dónde todos los gatos son pardos y en la noche aún más.