sábado, 27 de agosto de 2016

"Caminante hace camino al andar"

Ser prudente siempre ha creado un aire de responsabilidad y daba un cliché a esa persona dándole un aspecto maduro y adulto, pero ¡no puedo más! esto mata la irresponsabilidad de las palabras fáciles y espontáneas, de las palabras originales y veraces, de la naturalidad de uno mismo a la hora de expresar sus verdaderas intenciones, del ahora del estado de la persona.
Tras un prolongado camino desde Bilbao hasta Santander, atravesando Portugalete, Pobeña, Castro-Urdiales, Laredo, Santoña (ricas anchoas por cierto), Güemes y finalmente como desemboca un río en el mar, mi camino a su destino, siendo este Santander, y tras 8 días andando, comiendo pintxos y bebiendo Zuritos, cañas y cañones, así como conociendo personas de todas partes e intensificando la relación con los amigos con los que partí desde un principio. Todo ello estaba bien, estaba muy bien, casi diría que podría vivir así, como un nómada, un viajero empedernido, un romántico de las sendas que a cada paso que da, da 3 más por delante sin mirar atrás, y conociendo, descubriendo, experimentando cada momento esa sensación de libertad que te aleja de la cruda realidad y su monotonía, de la condición que te convierte en un individuo dentro de una sociedad que no se llega a entender ella misma, y de todo aquello que se te exige como condición "sine qua non" como derecho por tu ciudadanía. No, nada de eso, allí, en la naturaleza no se te exige nada, sencillamente eres parte de ella, formas parte de lo natural, esa es la única condición, ser tú, ser natural, no artificial y fangoso. Entre los caminos, las sendas y las travesías sobraban las palabras, solo había silencio, cantos de pintorescos y pájaros criollos, el sonido del romper de las olas en las rocas de los acantilados, allí no se te exigía ser abogado para defender el romper de las olas, o ser médico para curar la erosión que forman las mismas al romper. No sé, parece extraño....
Ahora, estoy sentado escribiendo, o sangrando como diría Heminway, y ahora entiendo el sentido de esto... Entre cuatro paredes, emparedado vivo, imagino una y otra vez el infinito horizonte que dejaba el mar Cantábrico, creo que estoy enamorado, o es así como se describe el amor hoy en día, como algo que te hace sentir libre e incondicionado, impulsivo, decidido, casi como un hombre de negocios contemporáneo...
Entre tanto, entre horas, intento desmembrar mi segunda compañera de viaje, mi mochila aguardará la siguiente aventura, y con ella mi libertad incondicionada, y mientras, estás lineas cogerán polvo y quedarán desgastadas junto a la ilusión plasmada.