Así era como ahuyentaba al miedo, con sus flamantes ojos que a veces ardían como el carbón, así miraba al miedo frente a frente y le plantaba cara, nunca apartando la mirada, nunca la decisión le faltaba y quedé estupefacto al ver tal arrogancia. Empece a preguntarme que tal valor donde podía caber en una persona, quizás fuera magia y escondiera en su chistera toda esa osadía que invisible a todo era pero parecía tan palpable como la misma verdad y quizás sea cobarde y por ello no sepa entender que es ser valiente, o quizá no se a que entregar mi valentía o si mi esfuerzo de ello vale la pena, pero lo intento de veras cada día y no resulta fácil ser heroico porque queda atrás toda hazaña, porque ya no existen miedos reales que amenazan, ahora solo existen miedos profundos que nos persiguen a todas partes y que cobran formas diversas entorno a nuestros juicios y nuestras realidades.
Y de repente me encuentro en una mano con el miedo y en otra con la valentía, pero la balanza no queda quieta, al parecer cuanto más valiente quieres ser más miedo tienes y es como el pez que se muerde la cola, es como si una cosa no pudiera ser sin la otra y pasan los días y con ellos los años y uno se vuelve loco con tanta oscilación y con tanta guerra y finalmente ya no es la valentía lo que te hace falta para vencer al miedo, porque quizás enfrentarte al miedo es una forma natural de enfrentarse a uno mismo y de esta forma conquistarte para conocerte mejor y es de este modo como conoces la valentía.
Tras una mirada empecé a comprender el significado con el que ella miraba el mundo y por lo tanto pude contemplar al igual que ella, el mismo atardecer pero con distinta valentía.