No quiero doler, ser la tempestad de los días, me convierte en el mal augurio de toda embarcación tripulada por un corazón, ser esa lluvia reflejada en el cristal del espejo del alma, me transporta al mismo infierno, donde el mayor castigo que soy yo mismo me apuñala una y otra vez, recordando aquella fatal injuria propinada en forma de palabra que acelerada por la ira olvidó toda bondad y todo amor que estas pueden formar, es cruel, es muy cruel.... llegar a penetrar tan fuerte y directo como un proyectil envalentonado sin conciencia de poder herir, sin capacidad de razonar . Es la propia fantasía la que engatusa y engaña a la propia persona acrecentado su propio dolor, su mismo egoísmo repudiado, engrandando su perspectiva, cayendo bajo las influencias de las emociones de su descaro y así atolondrado y con falta de recursos, uno esta fuera de sí y empieza a ser otro, se transforma en otra entidad totalmente repugnante.
Que dolor tan grande es herir a otros,
es fuerte su efecto,
pues matan sueños y engendran penas,
encrespan las luces de las tormentas,
y los miedos regresan y arrasan con las entrañas,
el ánima se escapa y las alas son cortadas,
herir a otro, es herirte a ti mismo,
es duplicar tu tormento.
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