lunes, 27 de octubre de 2014

El Atardecer de la Valentía.

En el reflejo de su mirada se hallaba el atardecer de aquel día, era inhóspito verse reflejado en sus ojos, eran claros como el día pero fuertes y ardientes como el fuego y quizás por eso creí ver al sol esconderse.
Así era como ahuyentaba al miedo, con sus flamantes ojos que a veces ardían como el carbón, así miraba al miedo frente a frente y le plantaba cara, nunca apartando la mirada, nunca la decisión le faltaba y quedé estupefacto al ver tal arrogancia. Empece a preguntarme que tal valor donde podía caber en una persona, quizás fuera magia y escondiera en su chistera toda esa osadía que invisible a todo era pero parecía tan palpable como la misma verdad y quizás sea cobarde y por ello no sepa entender que es ser valiente, o quizá no se a que entregar mi valentía o si mi esfuerzo de ello vale la pena, pero lo intento de veras cada día y no resulta fácil ser heroico porque queda atrás toda hazaña, porque ya no existen miedos reales que amenazan, ahora solo existen miedos profundos que nos persiguen a todas partes y que cobran formas diversas entorno a nuestros juicios y nuestras realidades.
Y de repente me encuentro en una mano con el miedo y en otra con la valentía, pero la balanza no queda quieta, al parecer cuanto más valiente quieres ser más miedo tienes y es como el pez que se muerde la cola, es como si una cosa no pudiera ser sin la otra y pasan los días y con ellos los años y uno se vuelve loco con tanta oscilación y con tanta guerra y finalmente ya no es la valentía lo que te hace falta para vencer al miedo, porque quizás enfrentarte al miedo es una forma natural de enfrentarse a uno mismo y de esta forma conquistarte para conocerte mejor y es de este modo como conoces la valentía.

Tras una mirada empecé a comprender el significado con el que ella miraba el mundo y por lo tanto pude contemplar al igual que ella, el mismo atardecer pero con distinta valentía.

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