Es cierto, era tarde y menguada la noche, las calles se hacían largas y mi cansancio se prolongaba en ellas, la gente que me rodeaba con sus disfraces perturbados y con sus máscaras y la sangre que les cubría me hacía trasladarme a un mundo en el que es aceptado la crueldad y que ya no solo la crueldad es aceptada sino que la gente disfrutaba haciendo el papel de... con sus formas inhumanas.
Alguien dijo que la burla junto a su ironía no era más que la forma sarcástica de hacer realidad la verdad y bueno quizá le dé demás importancia a aspectos que las personas ignoran o pasan desapercibidas porque igual el único incentivo no es sino que el de beber y pasarlo bien, pasarlo bien intoxicado y perdidos una vez el control la voz de la conciencia calla, ya no es ella la que manda sino que nos entregamos a un mundo primitivo y vulgar, en el que las señales son instintos primitivos que nos mueven junto a nuestro propio interés y justo esto es lo que recordamos como algo magno entre nuestras recopilaciones llamadas "anécdotas".
El problema es que la gente no sabe divertirse, no sabe buscar optativas o nuevas formas de ver una misma realidad y la limitación es la repetición cuya persistencia a lo largo del tiempo hace referencia al hábito.
y esta habituacion del ruido sordo que nos envuelve no es más que nuestro propio silencio, el silencio bajo una mascara no es más que el disfraz sonoro de algo que queremos ser o que al representar damos fuerza a una imaginación que forja como hierro incandescente la creación de un mundo el cual no podemos explicar, porque no podemos dar sentido a lo que damos realidad.
Pero por favor que la música no acabé y que nuestra frecuencia suba de tono y esta será la sintonia con la que se mueva la humanidad.
Así fue como en una noche entre cadáveres humanoides y sonrisas endiabladas me acompañaban a casa bajo un cielo tan apagado como la humanidad que me balanceaba entre el "big-ben" de un tiempo tan ajustado como nuestra piel.
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