En los vasos ahogados de cualquier bar siempre encontramos la melancolía de lo que algún día quisimos o tuvimos, de tal forma que cierta infelicidad recorre nuestra espalda como si fuera un hormigueo que te dice "algo no va bien" y con la mirada fija y perpetua y sujetando con la mano todavía la cerveza ahogas tus penas y con ellas humedeces tus sueños empapando tus recuerdos, borrando el momento.
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