Enfrentarse al infierno es perder el miedo a los demonios, aunque liberarse de los demonios no es más que una forma de razonar en contra de la desobediencia, por ello es un combate sin fin que ha medida que se lucha vas ganando terreno en la batalla y por lo tanto te vas conquistando y una vez gobernado, consigues el completo conocimiento de ti mismo y por lo tanto de tu propio universo.
Durante la historia se hablan de mitos, cuentan que reyes se avalentaron en la batalla y nunca regresaron, hay que ser muy valiente para morir una vez o un cobarde para morir cada vez. Esta dicótoma no es más que una metáfora entre dos fuerzas: La que atrae el hombre a su esencia más animal y la que le separa de toda naturaleza y le permite ascender como ser inconsciente hacia planos más elevados de la vida.
Entre el cielo y el infierno, encontramos el limbo de la duda, dónde no sabemos muy bien que ser.
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