sábado, 19 de julio de 2014
una llama envenenada
La vida me parece como el suspiro de una llama, que se apaga, que muere y nunca más se enciende, la misma llama que mantuvo en calor la misma oscuridad va desvaneciendo, va dejando nada a su paso y esta entonces quedará en el recuerdo de la misma noche que pernocta por nosotros y por la llama que aveces nos mantiene vivos, radiantes y difusos y enfermos por la quemadura de la vida, dejando huella en nuestra piel, en nuestra alma y en nuestra mirada, una mirada cargada de lágrimas que lo único que consiguen es agudizar la flama de nuestros intereses, de nuestra debilidad y por lo tanto de nuestro veneno, así como una serpiente hinchada de veneno que lanza en modo de palabras intensificando la soberbia de nuestra mentira que quema, quema, que perfora y que atraviesa la pureza de nuestra alma.
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