Ella aún dormía, y su rostro apuntaba hacía mi cuerpo, y yo la veía y describía una y otra vez la distancia en la que estaban sus labios del mentón, la forma de la cara y las pecas que dibujan en su rostro un cuadro abstracto que ni el mejor pintor podría recrear, su nariz chata dejaba expirar el aire que de forma continua inspiraba y esto hacía un vaivén de sus fosas. Juraría, que nunca me hubiera cansado de ese momento, que para mi de alguna manera no tenía fin, y que con certeza podría reproducirlo en mi cabeza en cualquier lugar, surgiendo así un recuerdo que perdurara en el tiempo. Cuando me recosté y con la mirada fija en el techo, mi mente maltrecha debido al poco tiempo dormido, y a los días que con intensidad habían transcurrido, empezaban a venir flashbacks de aquellos lugares que habitamos cuando vivíamos deprisa y alocados, y cuando el tiempo parecía no tener lugar y no pasaba o lo hacía rápido, tan rápido que nos perdíamos entre nuestras caricias.. Y de broma, cuando eramos consciente de esto, decimos que tenemos el poder de hacer que el tiempo no exista, y es un poder fantástico cuando lo único que existe en ese momento es ella.
Entre mis "kopfkinos", ella despertaba y con ojos rasgados dejaba ver ese color castaño que a mi tanto me gustaba, y con voz de levantada me daba los buenos días, y con ello, yo también despertaba, y le saludaba con un beso.
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