contra las tierras del mar,
fueron oxidadas,
imantadas en la propia tendencia,
aislaron del mundo su imaginación abstracta,
pintando en oleos lo que consideraron "olvidar",
perdimos el norte en el polo de los recuerdos,
y crecimos implantados en los sueños impuestos.
Ligado a la tierra que nacemos,
como el ancla de nuestro destino,
nunca es lo suficiente pesado,
para no dejarlo oxidar.
El barco de mis miedos,
conducido por el timón de mi decisión,
nunca será estrellado en el merito de mi rendición,
mientras haya mar por el que navegar,
mi espíritu estará dispuesto a naufragar,
así será como encuentre la isla de los deseos de mi infancia,
La misma infancia en la que erradica la pureza de las sonrisas,
dejando la ignorancia en el baúl de la debilidad,
llenando la vida sin las consumidas copas de etílica felicidad.
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