martes, 14 de enero de 2014
Como una vela que crea curvas al amanecer.
Cuenta una historia que en una habitación habitaba un llama que se apagaba y se encendía, no era una vida que se llevaba la muerte sino un alma embriagada que auguraba cada noche a ser poseída por sus sueños, esta vida que en días se apagaba pero que nunca se consumía, decía: que la vida es demasiada bella como para comprender la, que la esencia que captaba nuestros sentidos solo eran silencios acallados por la modernidad que nos distraían de lo importante, por ello le gustaba alumbrarse con una vela, ese trozo de cera que alumbró a importantes y no tan importantes literatos y que ahora solo la vemos como un humilde objeto de decoración, gracia me haría colocar una bombilla en una estantería por la misma creencia, pero hay mucho más detrás que la luz que desprende este trozo de cera cilíndrico y es la imaginación que posamos sobre las ilusiones que captamos cuando esta deforma y crea siluetas cuando la llama se tambalea, entonces te hace pensar en una carretera o en una preciosa mujer asemejando con las curvas de una simple botella ilustrada en una pared lisa, pero muy ciego o muy poca apremiada debe estar nuestra increíble capacidad de crear y de volver mágico lo que la realidad muchas veces no enseña.
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