Me emborrache con el alcohol que la vida me prometió,
bebiendo de tal forma que la vida vacía se volvió y las noches se durmieron a mis espaldas, cegando-me con la oscuridad que envolvía el sentido difuminado de la esperanza y continué bebiendo como la vida me prometió, entre sonrisas anorexicas me alimente del sueño de los demás y empecé a vivir como ellos y entonces morí y despierto muerto vagaba por la ciudadela en busca de emoción, en busca de alcohol como recordaba que la vida me prometió y la falsa esperanza se apodero de mi ilusión y esta mataba mi alma, quemé todas las calles e incendie con besos las inocentes alas de la libertad y estas me abandonaron, dejándome solo, inútil, desgraciado.
Huí lejos, pero la promesa me seguía allí donde fuera, era como si el mismo satanás me acompañara en la travesía de mi inmunda vida y el era mi compañero y siempre me prestaba su mano para que cogiera el vaso, ese maldito vaso que contenía promesas etilicas que encerraban un oscuro secreto, un secreto que me llevaría a la tumba, a la verdadera forma de morir en paz, mientras tanto se necrosaba mi vida y era tarde para cambiar, era tarde para recuperarme y me convertí en las miradas perdidas de la gente que sin escrúpulos pasaban por mi lado como si mi vida valiese menos que la suyas y ahí me quede sentado, sin nada, sin nadie, solo con la promesa que la vida me dio y me cuestiono si la misma vida me dio esa promesa, si fuera así he derrochado mi vida, cumpliendo algo que yo no quería, con el pretexto de que he nacido para ello y sin quererlo ahora me veo, muriendo y echando de menos el sol, la mañana y una familia que me den calor que me prometan más que un vaso lleno y más que noches ciegas que acaban en cunetas dejadas por las manos de dios, ese era mi secreto que la promesa existió porque "yo" hice que se cumpliera.
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