Cada noche al acabar la jornada se sentaba y con una copa de vino y acompañado de una vela, cuya llama bailaba al son de las sombras, las cuales se proyectaban como ilusiones en el cuaderno, donde nuestro escritor la describía y la desnudaba palabra a palabra, donde su cuerpo no tenía fin, y era así como noche tras noche la formaba, era así como la modelaba a imagen y semejanza de sus sueños.
El estaba cansado y el mundo era imperfecto, mucho menos de lo que él reconocía, decía que el mundo era inventado y que por ello el inventaba el suyo, decía que miraba ciegamente a la verdad, porque en ella se escondían todos los grandes misterios, y era por ello que escribía de noche, aceptando que era ciego a la luz de la razón, pero que era fiel a la llama de la vela, la cual proyectaba sus ilusiones en aquel cuaderno, el cual apodó "la verdad es ciega",
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