No había calor en mi corazón, y las ideas sobre el amor estaban tan lejos de mi que casi no percibía ni el concepto, ni la sensación que a todos alguna vez nos ha abrazado ese sentimiento. Era una persona entregada a mi trabajo, a mis amigos y a los placeres que ofrecía la vida, y que en la ciudad se podían conseguir con facilidad...
Tiempo atrás, había sido "derrotado pero no destruido" y en esa faceta de la vida me sentía abatido, así que deseche toda posibilidad de enamorarme, de compartir el restos de mis días con alguien, y en cierta medida era feliz, y disponía de lo esencial para crecer como persona, para avanzar como hacen los barcos con una buena brisa, y llevaba el timón firme, sobrepasando grandes olas, y dejándome llevar cuando amainaba el temporal, y entonces disfrutaba de las aguas tranquilas.
Todo en mi era sereno, calmado, tranquilo, nada me movía las entrañas, salvo las curiosidades que ofrece la psicología, y las consecuencias que producen muchos hechos, incluso la etiologia de los procesos que lleva a cabo la mente y el cuerpo.. era apasionante, pero aun así era externo a mi.
Más tarde, a principios de Marzo, algo extraño pasó, algo en mi cambio, algo intenso despertaba en mi y la vida brillaba y relucía, como cuando en medio de la oscuridad divisas luces y estas deslumbran. Sin quererlo, allí estaba ella, una chica preciosa, con talento y que disfrutaba de su compañía, las conversaciones eran completas, no había nada de lo que no se pudiera hablar, y la comunicación era la justa para llegar a entendernos, y me sentía atraído por ella, su figura realzaba sus encantos, y sus labios eran las curvas más peligrosas, porque no quería besarle, y esto hacía que lo prohibido fuera divertido, y me divertía como si de un juego se tratara, hasta que uno peca... y cuando se peca, se quiere más. Y todo esto, era más aparente cuando se combinaba con su forma de ser, tan divertida y atrevida como yo, y su inteligencia era manifiesta en su conducta, y esto era pura insinuación, y me atraía más, y esto era razonable, pero también crecía en mi algo, una emoción, un sentimiento que latía tan fuerte como mi corazón... Y cada momento con ella era único, y el tiempo pasaba, desapercibido, rápido y violento, las horas me azotaban con suavidad, tanto como las caricias que tardaban sus manos al recorrer mi cuerpo, y juraría que soy un hombre de talla mediana, porque sus dedos nunca acababan de recorrer mis extremidades, mi torso.
Han pasado ya seis meses de todo aquello, y me encuentro con ella cada día, y siento que es la mujer de mi vida, y la compañera de mis días, y me siento enamorado y la amo, y noto calor dentro de mi, y ella se ha convertido en mi hogar. Y si describiera cada momento, escribiría un libro y son demasiados momentos y experiencias compartidas, y aún deseo levantarme a su lado y anochecer apoyado en su pecho, "y dormir, soñar y tal vez morir".
Acabar diciendo, que soy afortunado.
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