Lo transcendental en la rutina nos hace monótonos y absurdos,
el tiempo como medida que nos muestra en sus horas nuestra valía,
llenamos en cuantía con recuerdos de todos los momentos,
que nos marca y se nos graba en la sesera, las emotivas escenas que de verdad nos hace por un segundo olvidarnos de lo que pensamos,
quizá ese sea el intervalo clave, ese lucido y momentáneo resplandor que brilla por si misma en las estrellas de los deseos,
omitimos todo lo no deseado para meternos anuncios subliminales con dolor y miedo,
hallando la valentía en dosis reducidas de atrevimiento, a tirones de nuestra cuerda de metal.
Nunca he sido valiente porque aprendí a tener miedo y a ser desconfiado,
ello me derroto como estima y me enseño a ser menos,
desmotivado a la igualdad nos dirigimos sin rumbo al catastro de lo desecho,
esta es mi moralidad resumida en la edad vivida.
Desaprendo con facilidad lo que he aprendido,
no me aporta lo deseado,
puedo dar mucho, lo noto en mi humanidad,
en mis ganas de ayudar,
sé que si aportando felicidad a este mundo una parte de mi también sanará.
Suspiro,
es costoso levantar la cabeza,
pero solo hay que apartar la mirada del suelo,
es un comienzo para lograr ver el cielo,
seguro que si lo miro encontraré un modo de llenarlo de estrellas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario