a fuego lento se condensa mi oxigeno,
se transfunde en el espacio
y solo estamos nosotros.
Oigo como respira,
la sensación me causa nostalgia,
quién fuera aroma,
para ser respirado por ella.
Miro sus pupilas,
en mi clavadas,
surge un escalofrío que llega hasta el alma,
atiendo a su iris verde como mi esperanza por ella.
Entre mis manos,
sujeto las suyas,
la piel blanquecina como nieve ardiente,
derritiéndose sobre mi piel,
denoto un palpito,sus latidos,
fuertes, sonoros.
Me besa,
nos fundimos entre el espacio,
y comienza a serlo todo.
La beso,
y moriría acunado entre sus labios,
reviviendo entre sueños los deseos,
poseyendo el carnal aspecto,
de lo que llamaremos cuerpo.
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