jueves, 29 de enero de 2015

Era se una vez...

Era en la sexta planta y en una gran "cambra" se esparcía en todas direcciones obras de arte en forma de recuerdo, la condición era que el pasado se basara en la  niñez, estos recuerdos móviles infantiles daban al lugar un aspecto intangible, donde la ilusión de lo que fue una vez una fiesta de cumpleaños o quizá una cama, eran sentidos cuyo significado estaban tan agravados por el momento, que a simple vista, visto lo visto la sutileza de las obras de arte solo eran exposiciones inanimadas, con garantía de dar una función inmóvil a una  "cambra".
Tras telas, maderas , plásticos y quizá material reciclado, mas la mano de un niño o  niña inocente encargados de tejer en el tiempo una historia imborrable, hicieron posibles que las manos de unos jóvenes configuraran una realidad en la "cambra", para los espectadores que caminaban junto a la obras, miraban pero no veían más que telas, maderas, plásticos y quizá material reciclado, de hecho la barra del bar situado nada más entrar, justo a la izquierda, hizo más protagonismo con sus variedades consumibles, lo etílico cegaba y transformaba la "cambra" en un show donde el espectador con visión difusa, se veían reflejados en las obras que estaban esparcidas en todas direcciones, donde las frases celebres y más comunes llegados aquel momento fueron: "esto me recuerdo a...","yo también he......", este egoísmo móvil y portátil que tendemos a llevar a todos lados, sonó fuerte como un instrumento mal afinado.
Las obras calladas, hablaban y desprendían historia, mostraban la vida de un artista, el momento feliz que ha perdurado durante casi 20 años, desde luego el narrador de este fragmento anécdotico disfruto escuchando aquellas obras y la voz de aquel niño inocente.
Desde luego aquella "cambra" de la sexta planta fue una "cambra" inolvidable.

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