Podría llenarme las manos llenando aún más mis bolsillos y dejando sedienta mi ambición que tras ser noqueada por su necesidad, descansará y despertará con hambre, con más hambre, tanta que esta nos devora, manchando de mentira nuestras manos, nuestras vidas, creando una simulación de miedos aún menos peligrosos de los que nuestra vida nos ofrece.
Apartándome de la ferocidad de las garras del depredador, siendo neutro a mis instintos, la furia con la que el mundo se destruye aún es más cruel, dando necesidad de felicidad que se contagia por cada acto de automutilación, por cada miseria que rodea con brazos de armas que ametrallan la inocencia, que la trasforman y la cambian, llenándola de ira, llenándola de ambición.
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